jueves, febrero 10, 2005

El Regreso

El martes, nos levantamos a las 5:00 am pues supuestamente era el único vuelo disponible –nunca entendí…tanto Maiquetía como el Santiago Mariño estaban casi vacíos en los momentos que pasamos por ellos.

Casi puntual abordamos el mini avión y a la hora de estar volando, cuando creímos que se preparaba para aterrizar, divisamos una borrosa pista y seguidamente otra vez mar… y.. “Señores pasajeros: Debido a las condiciones climáticas de Maiquetía aterrizaremos en el aeropuerto de Barcelona” (Estado Anzoátegui)… a todas estas con turbulencias y una especie de movimiento medio resbaloso que en ese juguete se sentía como cuando un carro se colea.

Aproximadamente dos horas de vuelo y sin desayuno –generalmente me despierto con mucho apetito y eran mas o menos las 9 de la mañana.

El aeropuerto ese resultó estar medio abandonado y fantasmal, al mejor estilo de la Seguridad Nacional de la novela Estefanía.

Luego volvimos al avión para ir rodando hasta el aeropuerto internacional -al lado, y a esperar que mejorara la situación en Maiquetía.

Allí pudimos comer y pasamos unas cuantas horas.

Los rumores, las llamadas telefónicas, la TV… todo indicaba que la cosa empeoraba, supuestamente los túneles de la Autopista Caracas – La Guaira estaban tapiados por los derrumbes. Si eso era así, mejor devolvernos a la Isla… cosa que sugirió la aerolínea con el compromiso de intentar volar al día siguiente –yes..yes!….

Y así fue, llegamos a la Isla otra vez, pero la persona encargada que nos recibió en el sitio nos dijo que tal vez el jueves podríamos regresar, pues tenían los cupos full y la opción B era que pagáramos la diferencia en otro avión mas grande que sí pudiese aterrizar sin visibilidad y con instrumentos…. Queeeee? Se formó tremendo lío, todos hablando a la vez y reclamando.

“Las condiciones climáticas no son culpa de la aerolínea”…. “Si es cierto, pero la obligación es llevarnos a nuestro destino”…

Finalmente accedieron llevarnos a través de Conviasa sin costo adicional en un avión de verdad y con una tripulación elegante.

Mientras esperábamos recibí varias llamadas…

Mi tío: Mira…la tormenta va camino a Oriente!
Yo: Ah, ok …gracias…que puedo hacer?

Mi mamá: Llama al llegar, quédense en el aeropuerto de Maiquetía, está todo tapiado, la cola es horrible, no hay paso, es un peligro, está inundado.
Yo: No se mami, déjanos llegar, de todas formas eso no lo puedo decidir yo sola.
Mi mamá: Bueno yo no se… ten cuidado, convéncelos a todos.

Apagué el teléfono, y recibí una colección de mensajes en la misma onda.

El vuelo estuvo bien hasta el momento en que nos acercamos e iniciamos el aterrizaje, que se sintió como si el avión se hubiese tirado de barriga en la pista, fue horrible.

El aeropuerto no estaba para nada colapsado, una pequeña cola para los taxis –que llegaban uno cada 20 minutos, otra para unos autobuses que dejaban a la gente en Gato Negro.

Finalmente, cuadramos con dos taxis que nos llevaron a Caracas sin ningún trauma en menos de 30 minutos y ni una piedra en toda la vía. Gracias a Dios.