Distorsión de sabores
Hoy al medio día, con ánimo de celebrar algo, recordar nuestros tiempos sibaritas y decididas a romper la dieta, nos fuimos la Chully y yo, a un conocido Centro Comercial, que se caracteriza por tener varios Restaurantes, Cafés y sitios de copas, decidiéndonos por uno cuyos precios estuviesen en el rango de "normales".
Empezamos por un par de carpacios de res, conociendo que esa cadena de cafés los suele preparar bien. resulta que el plato en cuestión, tenía además de las acostumbradas setas, el reggiano, la rucula y esa especie de mayonesa, que al parecer ya no está tan de moda, (pues el ultimo grito, según los entendidos es una vinagreta emulsionada); lo peor: una salsa espesa y dulzona producto de una mezcla de melaza con soya; que quizás en poca cantidad no hubiese estado tan mal.
Aunque suene duro, esto me recordó algo que solía decirnos un queridísimo ex-jefe: "No hay nada peor que un tonto con iniciativa", pues el plato en cuestión se tornó distorsionante al paladar, como resultado quizás de las intenciones del chef de lograr alguna fusión gastronómica thai-mediterránea.
El segundo plato, una ensalada cesar... con demasiado aderezo, que se nos presentó grasosa y empalagante.
El postre: Un brownie al gelato, que aun siendo adicta al chocolate, me supo groseramente dulce.
Después de todos estos matices de sabores presentes en el almuerzo, llegamos a la conclusión... que en gran parte, esa percepción de debió a una súper depuración del paladar, producto de estar a régimen hace mas de dos meses.
A raiz de esto y de haber perdido algunos kilitos, el plan alimenticio entra en fase de redimensionamiento.


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